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Ojo con el mundo: El candado peruano agosto 20, 2007

Posted by surcos in Opiniones.
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Por Raúl Sohr / La Nación Domingo

Santiago es el que debe tomar la iniciativa frente a La Paz y Lima y, si es necesario, pagar alguno de los costos para superar el estancamiento con una alguna cuestión favorable a su interés nacional y el de los países vecinos. Los países, como las personas, tienen la estatura de sus desafíos.

Perú publicó hace una semana un mapa que deja constancia de sus reclamaciones marítimas. Chile, como era previsible, reaccionó con viva molestia ante las demandas en una zona sobre la cual ejerce soberanía. Lima sabía, por supuesto, que Santiago rechazaría de plano sus aspiraciones. Nada nuevo en todo esto. La esgrima diplomática entre ambos países es recurrente. Ella ocurre cada vez que los bolivianos están, o creen estar, cerca a una solución que les brinde una salida al océano Pacífico.

¿Hay novedades en esta coyuntura en las negociaciones chileno-bolivianas destinadas a acabar con la mediterraneidad de La Paz? Sí, definitivamente hay cambios, pues los dos países viven circunstancias especiales. Nunca antes las reivindicaciones bolivianas han sido consideradas con mayor seriedad y simpatía en Chile que en los últimos años. El Presidente Ricardo Lagos señaló que a ningún país le dedicó tanta atención como a Bolivia. Sus esfuerzos comenzaron con el ex dictador Hugo Banzer, elegido en un segundo período (1997-2001) y que murió en ejercicio de su mandato. Y continuaron con Jorge Quiroga, que cumplió con los dos años del mandato inconcluso de Banzer. Las conversaciones las retomó Gonzalo Sánchez de Lozada, que gobernó de 2002 a 2003, hasta que fue depuesto por una insurrección popular liderada por Evo Morales. A su caída asumió su vicepresidente, Carlos Mesa (2003-2005), que utilizó el tema marítimo para galvanizar la popularidad de su Gobierno. Finalmente, el Presidente Eduardo Rodríguez (2005-2006) logró un acercamiento con Chile. Pero Lagos, por más que lo intentó, nunca tuvo interlocutor con piso político para negociar un tema tan delicado para los bolivianos.

Fue sólo con la elección de la Presidenta Michelle Bachelet y Evo Morales, con un insólito 53% de la votación, que se abrió la posibilidad de explorar con seriedad una solución atractiva para ambos países. Dos mandatarios democráticos, con sólido respaldo político, son una constelación no vivida desde hace mucho entre ambos países. Los visos de éxito en las negociaciones inquietaron al Perú. El efecto concreto del reclamo de Lima es que dejaría sin mar a Bolivia en el caso que este país obtuviera una salida al norte de Arica. El Presidente Alan García, por su parte, no quiere fricciones con Chile, y por ello bajó el perfil a la publicación del mapa.

La exigencia peruana apunta a frustrar, una vez más, a Bolivia. Es claro que el único corredor posible con soberanía, como lo quieren los bolivianos es a través de territorios que Perú perdió, próximos a su frontera. Ningún Gobierno chileno en su sano juicio podría aceptar que el país fuese dividido por un corredor soberano de otro país. Semejante concesión requeriría una consulta popular, y hasta el político más obtuso puede vaticinar un notable rechazo.

El eterno triángulo de exclusiones chileno-boliviano-peruano vuelve a empantanar las perspectivas de desarrollo. Es una situación en que todos pierden. Perú juega el papel del perro del hortelano; para Bolivia es la continuidad de una situación desalentadora, y Chile pierde al no acceder a los recursos energéticos bolivianos y peruanos. Pero los tres países pagan el costo de oportunidad.

Este es el momento en que a Chile le corresponde tomar una iniciativa diplomática audaz y romper, de una vez, la dinámica negativa que ha dominado por décadas. Es necesario involucrar a Perú en las negociaciones, para encontrar una solución en que todos ganen algo. El mero entendimiento y la subsiguiente cooperación contribuirán al florecimiento del norte chileno, del deprimido y recién sacudido sur peruano, y de los muy necesitados departamentos bolivianos que miran al Pacífico. Antes que se multipliquen las recriminaciones, aumenten las fricciones y se instale una dinámica negativa es necesario actuar con imaginación y visión de siglo XXI, y abandonar reacciones mecánicas de soberanías decimonónicas. No es fácil, pero no hay alternativa si los países de la región aspiran a gravitar en la arena mundial.

Una región atrasada en lo cultural y pobre en lo material, donde impera la inequidad, tiene ya un panorama difícil. Si a ello se le suma la fragmentación, y los países gastan sus escasos recursos obstaculizándose o, peor aún, armándose uno contra el otro, es claro que las cosas terminarán mal. Chile es hoy el país más fuerte en todos los planos: el económico, el social, el político, el diplomático y el militar. Por lo tanto, es Santiago el que debe tomar la iniciativa y, si es necesario, pagar alguno de los costos para superar el estancamiento con una alguna cuestión favorable a su interés nacional y el de los países vecinos. Los países, como las personas, tienen la estatura de sus desafíos. LND

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